Eternos Paisajes

Copas ondeantes,
susurraban las ramas,
inmensos mares.

… esta llamada indecible del corazón sumergido, (…) si la llamada es indecible es por que ninguna palabra de las ya dichas le sirve. Lo que no significa que entre las palabras que conoce no haya algunas o una sola que sea la que busca indeciblemente. Busca un oído; oír y que le oigan sin darse cuenta, sin distinción. Y que su llamada se pierda en la inmensidad de la única respuesta.

– María Zambrano (1990). La Metáfora del corazón. Claros del Bosque. Pag 63. Barcelona; Seix Barral.
Eternos Paisajes.
Mesa de madera intervenida.
54 x 50 + 50 cm.

Eternos Paisajes está muy marcado por la memoria de los objetos, a modo de autorretrato y conservación de los recuerdos. Creando maquetas y escenarios con narrativas abiertas donde el paisaje y a instalación cobrarán protagonismo.

El proyecto surge con la idea de hacer tangibles los recuerdos. Recuerdos de lugares, experiencias, personas, imágenes,… creando maquetas y pequeños escenarios con el fin de hacer tangible de alguna forma estas vivencias y lugares donde surgieron.

Obras realizadas para la contemplación, comparando ese estado como describe María Zambrano en Claros del Bosque cómo:

(…) un centro en el que no siempre es posible entrar; desde la linde se le mira y al parecer de algunas de las huellas de animales nos ayuda a dar ese paso. Es otro reino que un alma habita y guarda. Algún pájaro avisa y llama a ir hasta donde vaya marcando su voz. Y se le obedece; luego no se encuentra nada, nada que no sea un lugar intacto que parece haberse abierto en ese solo instante y que nunca más dará de sí.

Obras cargadas por un simbolismo personal que se muestran para ser contempladas y viajar por su interior mediante la poesía y el haiku, como si de un animal se tratara que guía e introduce al espectador en esos micromundos.

Eternos Paisajes.
Mesa de madera intervenida.
54 x 50 + 50 cm.